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LO MATÓ EL MIEDO A LA LIBERTAD

http://www.revistapersona.com.ar/casais3.htm

 

“El Dr. Jekyll es moralmente dual, –como lo son todos los hombres– en tanto que

su hipóstasis –Eduard Hyde– es malvada sin tregua sin aleación.”

Jorge Luis Borges

 

Cuando hablamos de existencia, en sentido filosófico, nos referimos al proyectarse del hombre, de cada ser humano, en sus diversas facetas. Básicamente son dos y se vinculan con la auto-construcción. Todo proyecto humano tiende a su propia construcción. Y el vivir en sociedad agrega otros elementos. Sabemos que no estamos solos. Y eso tiene un efecto que se le puede agregar a la presencia del Derecho: el proyecto de auto-construcción ofrece siempre dos facetas que se encuentran relacionadas, pero son teóricamente separables: la propia construcción en sí mismo, y en los otros. Estas facetas diferenciables pueden llegar a presentar contradicciones. ¡¿Cómo?! Sí, contradicciones.

American Beauty (ver mi artículo El diagnóstico..., revista Persona –mes de marzo de 2002–) fue prueba de ello. Y lejos de convertirse en mi obsesión, tiene una fuerte influencia en este artículo. En definitiva, el “ser” podría asemejarse a la faceta auto-constructiva en sí mismo, y el “parecer”, en los otros. Parecer no debe ser interpretado como una palabra de connotación negativa, porque es inevitable esa acción de los demás sobre nosotros. Lo negativo, probablemente sea estar obligado a aparentar ser lo que uno no es. Pero no se puede evitar parecer de tal o cual forma, frente a la sociedad, porque aunque se actúe siendo fiel a nuestras propias convicciones y no haya diferencias con cómo somos, el otro nunca tendrá la certeza de que así sea, ni de que siempre será así. La mirada del otro, es subjetiva. Nuestro ser, es propio.

Erich Fromm (El miedo a la libertad, pág. 34-35) sostiene, separándose de Freud, que “el problema central de la psicología es el que se refiere al tipo específico de conexión del individuo con el mundo, y no el de la satisfacción o frustración de una u otra necesidad instintiva per se... la sociedad posee también una función creadora.” Y en esa conexión de Jekyll con la sociedad de entonces, se produjo el cortocircuito. Él se describía como un hombre dotado de excelentes cualidades, muy laborioso, ambicioso (por ser estimado por los mejores) y con un futuro brillante y honrado. Pero se encontraba un gran defecto que era su impaciente vivacidad, alegría, que no lograba conciliar con su deseo “de ir siempre con la cabeza bien alta, exhibiendo en público un aspecto de particular seriedad”. Aquí tenemos esa construcción de Jekyll en sí mismo, y en los demás. El ser y el aparentar ser; y para que no queden dudas agregaba: “así fue como empecé muy pronto a esconder mis gustos... me encontré ya encaminado en una vida de profundo doble.” Cualquier parecido con la sociedad mundial de este siglo, mera coincidencia... ¿o no?

Fromm diría que, así como los niños al romper los vínculos primarios, “surge el impulso de abandonar la propia personalidad, de superar el sentimiento de soledad e impotencia, sumergiéndose en el mundo exterior.” (op. cit., pág. 51) Pero, en realidad, Jekyll sólo quería separarse, abandonar una parte de su personalidad. Él aspiró a separar en sí, en su propia faceta, más que en los otros, esas dos zonas del bien y del mal que componen la doble naturaleza humana. Aunque se refugiaba en el hecho de que nunca había sido un hipócrita porque las dos partes de su carácter estaban afirmadas, sea cuando trabajaba en progreso de la ciencia, sea cuando se abandonaba a sus “placeres vergonzosos”. Placeres, por otra parte, que en la adaptación de Pablo Silva, no son ni más ni menos que sexuales (sexo grupal, homosexualidad, etc.) Estas son las partes de la comedia basada en el libro de Robert Stevenson, donde uno se sorprende si leyó el cuento previamente, por el toque cómico de actualidad que le agregan, y donde uno recuerda el tipo de sociedad en la que se vivía, y cómo influía ésta en la existencia de todos. O en la no-existencia de cada uno.

En el sentido de “libertad de”, la existencia humana y ella son inseparables (op. cit., pág. 54). Entonces, fundamentalmente, el problema del Dr. Jekyll era de libertad. Y más adelante analizaremos, por qué de un aparente defecto como era ser alegre y tener gustos diferentes a los del humano promedio, termina en un nivel de agresividad máxima.

¿Cuántas veces nos hemos planteado que parecemos “otro” en determinado momento, por lo que hacemos o por lo que deseamos? Stevenson, en boca de Jekyll, nos dio una aproximación: “tanto en el plano científico como en el moral, fui por tanto gradualmente acercándome a esa verdad... el hombre no es verazmente uno, sino verazmente dos. Y digo dos, porque mis conocimientos no han ido más allá.” Fue en su propia persona donde Jekyll aprendió a reconocer “la fundamental y originaria dualidad del hombre.”

Esta aseveración del Dr., fue ratificada por Jorge Luis Borges: “el Dr. Jekyll es moralmente dual, –como lo son todos los hombres– en tanto que su hipóstasis –Eduard Hyde– es malvada sin tregua y sin aleación.” Pablo Silva en su adaptación, le hacía decir a uno de los personajes: el hombre es moral e inmoral, bueno y malo, etc.

Erich Fromm también aborda el tema, aunque no refiriéndose al cuento: si bien el hombre cree que sus acciones están motivadas por su propio interés “en realidad su vida se dedica a fines que no son suyos.” (op. cit., pág. 141) Y ésta es la problemática en El extraño caso del Dr. Jekyll y del Sr. Hyde. La que el personaje principal, veía reflejada al verse inmerso en la sociedad.

Intentaba matar la inseguridad del yo individual, sosteniéndolo con el prestigio (su reconocimiento por parte de la sociedad) y el éxito (lograr sus objetivos “nobles” y estar con los más sabios). El prestigio y el éxito, dos válvulas de escape, si se me permite la expresión. (op. cit., pág. 145) Y, en rigor de verdad, en esa alusión a saber lo que quiere, desea sólo lo que supone que socialmente debe desear (op. cit., pág. 278), defraudándose al conseguir lo que creía era su objetivo: el éxito, tan sólo una felicidad ilusoria (op. cit., pág. 288).

Pero su problema de fondo era que la represión de sus deseos reales (su “ser”) y la adopción por su parte de las expectativas de los demás (su “parecer”) se constituía como su propio deseo, cuando en realidad el deseo original había sido reemplazado por un seudo deseo, conduciéndolo a cambiar el yo original por un seudoyo (op. cit., pág. 229) Y digo que éste es su problema de fondo porque no es ni más ni menos que el causante de la inseguridad de que hablábamos más arriba (op. cit., pág. 230).

El Dr. Jekyll reconocía ese problema. Y también creyó encontrar una solución: separar los dos elementos. “Si éstos... pudiesen encaminarse en dos identidades separadas, la vida se haría mucho más soportable. El injusto se iría por su camino, libre de las aspiraciones... y el justo podría continuar seguro”. La pregunta entonces era: ¿cómo hacer para separarlos?

Descubrió que algunos agentes químicos tenían el poder de hacerlo. Elaboró una sustancia que suscitaba una segundo forma corpórea y venciendo todo miedo la tomó. Allí estaba transformado en el Sr. Hyde, que no por casualidad, –supongo– se asemeja bastante a hide (esconder, ocultar, encubrir) y a hideous (horrible, feo, monstruoso).

“Mi vida, después de todo, se había desarrollado en nueve de sus diez partes, bajo la influencia del segundo [Jekyll], y el primero [Hyde] había tenido raras ocasiones para ejercitarse y madurar”, decía. Era como si con esa transformación hubiera nacido un niño. Y se produjo la etapa de individuación. Cuando se halla libre de sus vínculos primarios, una nueva tarea se le presenta: orientarse y arraigarse en el mundo y encontrar la seguridad, siguiendo caminos distintos de los que caracterizaban su existencia pre-individualista (op. cit., pág. 47).

Entonces logró, al separarse en dos, exteriorizar “la destructividad [que] constituye una tendencia que se halla constantemente en potencia dentro del individuo, al cual, por decirlo así, está acechando la oportunidad.” (op. cit., pág. 204) Y en este razonamiento también encontramos el por qué del desarrollo desmesurado de su maldad. Si Jekyll hubiera podido existir sin tantas limitaciones, siendo alegre y con esos gustos considerados vergonzosos, no hubiera llegado a ésto en Hyde. Porque “el grado de destructividad observable en los individuos es proporcional al grado en que se halla cercenada la expansión de su vida.” (op. cit., pág. 208). Aquí entra a jugar la hétero-construcción que personas como Hitler, Mussolini, Videla... buscaron en el pueblo. Probablemente el grado de agresividad encuentre causas similares a las del Dr. Jekyll.

Lo cierto es que desde que logró la transformación, Jekyll comenzó a reflexionar “con más seriedad de la que había puesto hasta ahora, sobre las dificultades y los peligros de mi doble existencia. Esa otra parte de mí, que tenía el poder de proyectar, habría tenido tiempo de ejercitarse y afirmarse cada vez más.” Y se planteó la disyuntiva de elegir como quién quería vivir, debía escoger entre sus dos naturalezas, las que tenían en común sólo la memoria. A pesar de inclinarse por Jekyll, el monstruo estaba despierto y sediento de plena existencia.

La historia podrá verla o leerla. Mejor ambas cosas, porque son diferentes. Pero para terminar, propongo una última reflexión de quien fue mi linterna en este camino: Erich Fromm. “Si el hombre puede realizar su yo plenamente y sin limitaciones, habrán desaparecido las causas fundamentales de sus tendencias impulsivas asociales...” (op. cit., pág. 295).

La obra de teatro fue estrenada el sábado 23 de marzo de 2002 y se presenta todos los sábados y domingos a las 21 en el teatro El Vitral (Rodríguez Peña 344, entre Corrientes y Sarmiento, Capital Federal. Teléfono: 4371-0948). Está basada en la libro de Robert Louis Stevenson (El extraño caso del Dr. Jekyll y del Sr. Hyde) con adaptación y dirección de Pablo Silva. Con: Marcelo Griess (Dr. Leyton), Martín Borisenko (Utterson), Natalia Masseroni (Mary), Guillermo Chinetti (Poole), Zulema Caldas (Sra. Smith), y la brillante y dignísima de destacar actuación de Carlos Echevarría, que interpreta al Dr. Jekyll y al Sr. Hyde. La música, muy apropiada, es de “el otro yo” y el vestuario de Mercedes Colombo. La obra está auspiciada por PROTEATRO. Valor de la entrada: 10 pesos. Descuento del 50 % para estudiantes y jubilados y domingos 2x1. Para quien gusta de disfrutar de una obra hecha desde la humildad y sin recursos exagerados, pero con un trabajo a pulmón emocionante, la mayor de las recomendaciones. Un aplauso de este redactor para la obra. Tan prolongado como el que recibieron al finalizar los 65 minutos de su duración.